sábado, 26 de julio de 2014

Entre tú y Egipto

En una esquina oculta en la espina de mi alma, permanece aún una emoción difícil de distinguir, poco menos, de aclarar. ¿Será el dolor de tu ausencia o sólo un recuerdo que con cada experiencia muere enfermo?

Perdida un mar de grande entre los sueños olvidados de la punta de la perfección, dorada en su disfraz, carcomida por el peso milenario, con otro rostro, donde se escucha el idioma olvidado cercano al hijo del sol y de la siembra. Y en el oasis resplandeciente de una calma etérea me quiebra tu llanto. Me haces llorar también.

Cae una palmera tras otra. Se van los dromedarios lentamente mientras el río se seca. Tal vez como ellos, debería buscar otra fuente. Pero ¿dónde está mi paz? Se encuentra en ruinas, oxidada, cayéndose a pedazos. Ya no es lo que fue, solamente queda polvo blanco mezclándose en la arena fina y terrible, que todo lo devora. Se consume hasta el espíritu de mi inquieto corazón.

No me queda más que andar en el remolino. Soy su cuerpo, una parte de la arenisca que da vueltas y avanza (o retrocede, o tan simple como que se mueve sin importar hacia dónde), siempre en los límites que hay entre tú y Egipto.


Por Goodface J