jueves, 27 de marzo de 2014

Pruebas de un alma enferma

Un fulgor desde el cielo sin sol, tan extraño, se ve en el patio. No hay almas cerca pero podemos respirar inquietudes. Cruzando el pasillo con la esperanza de encontrar las estrellas al mirar hacia arriba. Nada más que el rojo de la nube nocturna. Con tal se perciben las hojitas y el espejo. Y tan cansada, con el alma enferma, sin el consuelo de los ojos de luna llena.

Mejor abrázate, criatura, verás que pronto te encontrarás sana. No te olvides de la sabiduría del árbol y de su esencia, la más dulce de todas las cosas, más aún que el néctar de las hojas.

Para la forma, aléjate; para el deleite, procura acercarte lo más que puedas corriendo el peligro de fundirte con lo que no entiendes. Tanto no lo entiendes que te rechazará hasta que aprendas a alejarte y mirar sin miedo su figura.

Y en la puerta todo oscuro. Y en tu camino todo solitario. Tan complicado es, que aunque otros quieran andarlo, se espinan los pies, se lastiman y sufres con su dolor. Entonces llegan unos pies calzados, podría afirmar blindados, donde las agujas del sendero se doblan. Ves que andar es más fácil de lo que pensabas.


No hay temor, alma pura. Aunque tus pies no están blindados, ya te has hecho unas calzas con maderitas que encontraste por allí. Adaptada la vista puedes regresar a tu lecho. Descansar y esperar, que no puedes enfermar más.

Aouda Frog